El deporte es una actividad física reglamentada,
normalmente de carácter competitivo, que puede mejorar la condición física1 (Antúnez,
M. 2001) de quien lo practica, y tiene propiedades que lo diferencian del juego.
La RAE, en su Diccionario de la lengua
española, define deporte como una «actividad física, ejercida
como juego o competición, cuya práctica
supone entrenamiento y sujeción a normas»; también, en una segunda acepción,
más amplia, como «recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo
común al aire libre».2 Por otra
parte, la Carta Europea del deporte lo define como: «Todas las formas de
actividades físicas que mediante una participación organizada o no, tienen como
objetivo la expresión o la mejora de la condición física y psíquica, el
desarrollo de las relaciones sociales o la obtención de resultados en
competición de todos los niveles».3
Institucionalmente, para que una actividad sea
considerada deporte, debe estar avalada por estructuras administrativas y de
control reconocidas que se encargan de reglamentarlo (las organizaciones deportivas).4 El hecho
de que alguna actividad no esté reconocida institucionalmente como deporte, no
impide que pueda estarlo popularmente, como ocurre con el deporte rural o con los deportes alternativos.
A pesar de que la definición de deporte no especifica que
la «actividad física» deba ser extenuante, existen deportes de bajo impacto
físico que no son considerados como tales por algunas personas. Un ejemplo de
ello es el ajedrez, el cual es un juego cuya actividad física es,
aparentemente, muy escasa, pero está reglamentado, tiene carácter competitivo y
está avalado por federaciones oficiales, por lo que se considera un deporte.5 Otros
ejemplos de aparentemente escasa actividad física son el tiro con arco, el
automovilismo, el billar, entre otros. Por el contrario, existen actividades
físicas extenuantes que no son un deporte, por no cumplir con la definición.
Así mismo, de acuerdo con el Comité Olímpico Internacional,
la práctica del deporte es un derecho humano, y uno de los principios fundamentales del
Olimpismo es que «toda persona debe tener la posibilidad de practicar deporte
sin discriminación de ningún tipo y dentro del espíritu olímpico, que exige
comprensión mutua, solidaridad y espíritu de amistad y de juego limpio
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